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14 de marzo de 2017

¿Por qué gritamos?

Un día preguntó un sabio a sus amigos lo siguiente: ¿Por qué la gente se grita cuando están enojados?


Los hombres pensaron unos momentos:

Porque perdemos la calma – dijo uno – por eso gritamos.


– Pero ¿por qué gritar cuando la otra persona está a tu lado?, preguntó el sabio.

¿No es posible hablarle en voz baja? ¿Por qué gritas a una persona cuando estás enojado?


¿Por qué gritamos?
¿Por qué gritamos?
Los hombres dieron algunas otras respuestas pero ninguna de ellas satisfacía al sabio.

Finalmente él explicó:

Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho. Para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados estén, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia.

Luego el sabio preguntó:- ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente, ¿por qué? Sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña.

El sabio continuó:

- Cuando se enamoran más aún, ¿qué sucede? No hablan, sólo susurran y se vuelven aun más cerca en su amor. Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo. Así es cuan cerca están dos personas cuando se aman.

Luego el sabio dijo:

- Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más, llegará un día en que la distancia sea tanta que no encontrarán más el camino de regreso.






8 de marzo de 2017

El verdadero jefe

Cuando el cuerpo humano se estaba formando, todos los órganos se reunieron para ver quién sería el jefe del cuerpo. 


El cerebro dijo que él debía ser el jefe, pues sin él el cuerpo en su conjunto se paralizaría. 


El corazón dijo que el jefe debía ser él, pues si dejaba de funcionar, no enviaría sangre al cerebro, y por tanto, el cuerpo moriría. Hablaron también los riñones, el páncreas e incluso los órganos genitales que querían ser los jefes pues sin ellos no habría recreación.
El verdadero jefe
El verdadero jefe
 Pero entonces, los excrementos, muy cabreados dijeron que ellos querían ser los jefes. El corazón y el cerebro se partieron de risa y comenzaron a burlarse de ellos, diciendo que los excrementos ni siquiera son un órgano vital. 

"Vale, os vais a enterar. Os aseguro que en menos de 15 días, nos pediréis que seamos los jefes", dijeron muy serios los excrementos. Entonces se formó el cuerpo humano pero con los excrementos en huelga de salida. A los 5 días, los excrementos provocaron problemas en los riñones a raíz del estreñimiento, y a su vez se introdujeron en el riego sanguíneo llegando al corazón y al cerebro. Todos los órganos del cuerpo se rindieron diciendo: "Por favor, ya basta!!!.. venga... vosotros sois los jefes, pero solucionad ésto".

Moraleja: 

Nunca subestimes a nadie. Desde el principio de los tiempos, cualquier mierda puede llegar a ser un jefe.

22 de febrero de 2017

El perrito y 1000 perritos mas que le seguían

Hace tiempo, en un pequeño y lejano pueblo, había una casa abandonada.


Cierto día, un perrito buscando refugio del sol, logró meterse por un agujero de una de las puertas de dicha casa.


El perrito subió lentamente las viejas escaleras de madera. Al terminar de subirlas se topó con una puerta medio abierta; lentamente se adentró en el cuarto. Para su sorpresa, se dio cuenta que dentro de ese cuarto habían 1000 perritos más, observándolo tan fijamente como él los observaba a ellos.

El perrito comenzó a mover la cola y a levantar sus orejas poco a poco.

Los 1000 perritos hicieron lo mismo.
El perrrito y 1000 perritos mas que le seguían
El perrrito y 1000 perritos mas que le seguían
Posteriormente sonrió y le ladró alegremente a uno de ellos. El perrito se quedó sorprendido al ver que los 1000 perritos también le sonreían y ladraban alegremente con él.

Cuando el perrito salió del cuarto se quedó pensando para sí mismo:

“¡Qué lugar tan agradable… voy a venir más seguido a visitarlo!”

Tiempo después, otro perrito callejero entró al mismo sitio y se encontró en el mismo cuarto. Pero a diferencia del primero, este perrito al ver a los otros 1000 perritos del cuarto se sintió amenazado ya que lo estaban viendo de una manera agresiva.

Posteriormente empezó a gruñir; acto seguido vio como los 1000 perritos le gruñían a él. Comenzó a ladrarles ferozmente y los otros 1000 perritos le ladraron también a él. Cuando este perrito salió del cuarto pensó:

“¡Qué lugar tan horrible es éste… nunca más volveré a entrar allí!”.

En el frente de dicha casa se encontraba un viejo letrero que decía: La casa de los 1000 espejos. Todos los rostros del mundo son espejos. Decide cuál rostro llevarás por dentro y ese será el que mostrarás. El reflejo de tus gestos y acciones es lo que proyectas ante los demás.

Moraleja: “No eres responsable de la cara que tienes, pero si eres responsable de la cara que pones”



21 de febrero de 2017

Avivar la llama interior

Cuentan que un rey muy rico de la India, tenía fama de ser indiferente a las riquezas materiales y hombre de profunda religiosidad, cosa un tanto inusual para un personaje de su categoría.


Ante esta situación y movido por la curiosidad, un súbdito quiso averiguar el secreto del soberano para no dejarse deslumbrar por el oro, las joyas y los lujos excesivos que caracterizaban a la nobleza de su tiempo.

Avivar la llama interior
Avivar la llama interior 
Inmediatamente después de los saludos que la etiqueta y cortesía exigen, el hombre preguntó:

- Majestad, ¿Cuál es su secreto para cultivar la vida espiritual en medio de tanta riqueza?

El rey le dijo:

- “Te lo revelaré, si recorres mi palacio para comprender la magnitud de mi riqueza. Pero lleva una vela encendida. Si se apaga, te decapitaré”.

Al término del paseo, el rey le preguntó:

- “¿Qué piensas de mis riquezas?”

La persona respondió:

- “No vi nada. Sólo me preocupé de que la llama no se apagara”.

El rey le dijo:

- “Ese es mi secreto. Estoy tan ocupado tratando de avivar mi llama interior, que no me interesan las riquezas de fuera”

16 de febrero de 2017

La naturaleza de la mente

Se trataba de un hombre que llevaba muchas horas viajando a pie y estaba realmente cansado y sudoroso bajo el implacable sol de la India.


Extenuado y sin poder dar un paso más, se echó a descansar bajo un frondoso árbol. El suelo estaba duro y el hombre pensó en lo agradable que sería disponer de una cama.

Resulta que aquél era un árbol celestial de los que conceden los deseos de los pensamientos de la mente y los hacen realidad. Así es que al punto apareció una confortable cama.


El hombre se echó sobre ella y estaba disfrutando en el mullido lecho cuando pensó en lo placentero que resultaría que una joven le diera masaje en sus fatigadas piernas. Al momento apareció una bellísima joven que comenzó a procurarle un delicioso masaje.

La naturaleza de la mente
La naturaleza de la mente
Bien descansado, sintió hambre y pensó en qué grato sería poder degustar una sabrosa y opípara comida. En el acto aparecieron ante él los más suculentos manjares. El hombre comió hasta saciarse y se sentía muy dichoso.

De repente le asaltó un pensamiento: “!Mira que si ahora un tigre me atacase!” Apareció un tigre y lo devoró.

Moraleja
Cambiante y descontrolada es la naturaleza de la mente. Aplícate a conocerla y dominarla y disiparás para siempre el peor de los tigres: el que mora dentro de ella misma.


13 de febrero de 2017

El viejo perro cazador

Hace muchos años, vivía un viejo perro de caza, cuya avanzada edad le había hecho perder gran parte de las facultades que lo adornaban en su juventud.


Un día, mientras se encontraba en una jornada de caza junto a su amo, se topó con un hermoso jabalí, al que quiso atrapar para su dueño. 


Poniendo en ello todo su empeño, consiguió morderle una oreja, pero como su boca ya no era la de siempre, el animal consiguió escaparse.

El viejo perro cazador
El viejo perro cazador
Al escuchar el escándalo, su amo corrió hacia el lugar, encontrando únicamente al viejo perro. Enfadado porque hubiera dejado escapar a la pieza, comenzó a regañarle muy duramente.

El pobre perro, que no se merecía semejante regañina, le dijo:

-Querido amo mío, no creas que he dejado escapar a ese hermoso animal por gusto. He intentado retenerlo, al igual que hacía cuando era joven, pero por mucho que lo deseemos ambos, mis facultades no volverán a ser las mismas. Así que, en lugar de enfadarte conmigo porque me he hecho viejo, alégrate por todos esos años en los que te ayudaba sin descanso.

La Moraleja de esta Fabula: respeta siempre a las personas mayores, que aunque ya no puedan realizar grandes proezas, dieron sus mejores años para darte a ti y a tu familia, una vida mejor.


10 de febrero de 2017

Vivir aprendiendo

 A los 5 años, aprendí que a los pececitos dorados no les gustaba la gelatina.


A los 9, aprendí que mi profesora solo me preguntaba cuando yo no sabía la respuesta.


 A los 10, aprendí que era posible estar enamorado de cuatro chicas al mismo tiempo.
 A los 12, aprendí que, si tenia problemas en la escuela, los tenía más grandes en casa.
 A los 13, aprendí que, cuando mi cuarto quedaba del modo que yo quería, mi madre me mandaba a ordenarlo.
 A los 15, aprendí que no debía descargar mis frustraciones en mi hermano menor, porque mi padre tenía frustraciones mayores y la mano más pesada.
 A los 20, aprendí que los grandes problemas siempre empiezan pequeños.
 A los 25, aprendí que nunca debía elogiar la comida de mi madre cuando estaba comiendo algo preparado por mi mujer.
 A los 27, aprendí que el titulo obtenido no era la meta soñada.

Vivir aprendiendo
Vivir aprendiendo
 A los 28, aprendí que se puede hacer, en un instante, algo que te va a hacer doler la cabeza la vida entera.
 A los 30, aprendí que cuando mi mujer y yo teníamos una noche sin chicos, pasábamos la mayor parte del tiempo hablando de ellos
 A los 33, aprendí que a las mujeres les gusta recibir flores, especialmente sin ningún motivo.
 A los 34, aprendí que no se cometen muchos errores con la boca cerrada.
 A los 38, aprendí que, siempre que estoy viajando, quisiera estar en casa; y siempre que estoy en casa me gustaría estar viajando.
 A los 39, aprendí que puedes saber que tu esposa te ama cuando quedan dos croquetas y elige la menor.
 A los 42, aprendí que, si estás llevando una vida sin fracasos, no estas corriendo los suficientes riesgos.
 A los 44, aprendí que puedes hacer a alguien disfrutar el día con solo enviarle una pequeña postal.
 A los 47, aprendí que niños y abuelos son aliados naturales.
 A los 55, aprendí que es absolutamente imposible tomar vacaciones sin engordar cinco kilos.
 A los 63, aprendí que es razonable disfrutar del éxito, pero que no se debe confiar demasiado en el. También a los 63, aprendí que no puedo cambiar lo que pasó, pero puedo dejarlo atrás.
 A los 64, aprendí que la mayoría de las cosas por las cuales me he preocupado nunca suceden.
 A los 67, aprendí que si esperas a jubilarte para disfrutar de la vida, esperaste demasiado tiempo.
 A los 71, aprendí que nunca se debe ir a la cama sin resolver una pelea.
 A los 72, aprendí que, si las cosas van mal, yo no tengo por qué ir con ellas.
 A los 76, aprendí que envejecer es importante.
 A los 91, aprendí que amé menos de lo que hubiera debido.
 A los 92, aprendí que todavía tengo mucho para aprender.

Moraleja de vivir aprendiendo

Siempre estamos aprendiendo algo nuevo, algo lindo, algo digno, como por ejemplo que la paz no se logra si realmente no se está dispuesto a perdonar por ella, entender cuál es la verdadera importancia de la familia, de la gente simple, de la vida misma. Que si bien todos tenemos distintas cualidades, capacidades y habilidades, sepamos valorar las que tenemos y podemos ofrecer a los demás y además enriquecernos, aceptar y disfrutar con las que otros no pueden brindar. Saber aceptar nuestras limitaciones y no olvidarnos de nuestras metas, aunque muchas veces parezcan muy lejanas difíciles.

Encaminarse hacia ellas es el primer paso hacia algo que ni siquiera podemos imaginar.

Realmente no tiene mucha importancia hasta qué edad vivimos, lo importante es sentir que no lo hemos hecho en vano.



9 de febrero de 2017

La historia del lápiz

El niño miraba al abuelo escribir una carta. En un momento dado, le preguntó:


–¿Estás escribiendo una historia que nos pasó a los dos? ¿Es, quizá, una historia sobre mí?

El abuelo dejó de escribir, sonrió y dijo al nieto:

–Estoy escribiendo sobre ti, es cierto.

Sin embargo, más importante que las palabras es el lápiz que estoy usando. Me gustaría que tú fueses como él cuando crezcas.


El niño miró el lápiz, intrigado, y no vio nada de especial.

La historia del lápiz
La historia del lápiz
–¡Pero si es igual a todos los lápices que he visto en mi vida!

–Todo depende del modo en que mires las cosas. Hay en él cinco cualidades que, si consigues mantenerlas, harán de ti una persona por siempre en paz con el mundo.

Primera cualidad: puedes hacer grandes cosas, pero no olvides nunca que existe una mano que guía tus pasos. A esta mano nosotros la llamamos Dios, y Él siempre te conducirá en dirección a su voluntad.

Segunda: de vez en cuando necesito dejar de escribir y usar el sacapuntas. Eso hace que el lápiz sufra un poco, pero al final está más afilado. Por lo tanto, debes ser capaz de soportar algunos dolores, porque te harán mejor persona.

Tercera: el lápiz siempre permite que usemos una goma para borrar aquello que está mal. Entiende que corregir algo que hemos hecho no es necesariamente algo malo, sino algo importante para mantenernos en el camino de la justicia.

Cuarta: lo que realmente importa en el lápiz no es la madera ni su forma exterior, sino el grafito que hay dentro. Por lo tanto, cuida siempre de lo que sucede en tu interior.

Finalmente, la quinta cualidad del lápiz: siempre deja una marca. De la misma manera, has de saber que todo lo que hagas en la vida dejará trazos, e intenta ser consciente de cada acción.


8 de febrero de 2017

Cuando su empleado se enferme, déle el día libre

Kung Chang llamó a su jefe y le dijo:

- ‘Jefe, hoy yo no tlabajal, yo estal enfelmo. Duele cabeza, duele panza, duele pielna, no voy tlabajo’.

El Jefe le responde:

Cuando su empleado se enferme, déle el día libre
Cuando su empleado se enferme, déle el día libre
-‘Kung Chang, realmente hoy te necesito en el trabajo. Cuando me siento así de mal, le pido a mi esposa que tengamos sexo. Eso me hace sentir  mucho mejor y puedo ir a trabajar. Deberías probar, te hará muy bien’.

Dos horas después, Kung Chang vuelve a llamar a su Jefe y le dice:

-‘¡Jefe, no sabel qué decil! Glacias pol consejo, ya sentilme mucho mejol, enseguida yo il tlabajo. Felicito mucho, muy linda su casa, muy glande su cualto y muy buena su esposa’.

Moraleja administrativa: Sea claro y explícito al dar instrucciones a sus colaboradores.


4 de febrero de 2017

El necio que cargaba piedras

El maestro narró a sus discípulos el siguiente relato:  un hombre que iba por el camino tropezó con una gran piedra. La recogió y la llevó consigo.


Poco después tropezó con otra, igualmente la cargó. Todas las piedras con que iba tropezando las cargaba, hasta que aquel peso se volvió tan grande que el hombre ya no pudo caminar.

El necio que cargaba piedras
El necio que cargaba piedras
¿Qué piensan ustedes de ese hombre? Preguntó el maestro

– Que es un necio -respondió uno de los discípulos- ¿Para qué cargaba las piedras con que tropezaba?

Dijo el maestro: – Eso es lo que hacen aquellos que cargan las ofensas que otros les han hecho, los agravios sufridos, y aun la amargura de las propias equivocaciones. Todo eso lo debemos dejar atrás, y no cargar las pesadas piedras del rencor contra los demás o contra nosotros mismos.

Si hacemos a un lado esa inútil carga, si no la llevamos con nosotros, nuestro camino será más ligero y nuestro paso más seguro.

Así dijo el Maestro, y los discípulos se hicieron el propósito de no cargar nunca el peso del odio o del resentimiento.



26 de enero de 2017

El cielo y el infierno

En un reino lejano de Oriente se encontraban dos amigos que tenían la curiosidad y el deseo de saber sobre el Bien y el Mal.


Un día se acercaron a la cabaña del sabio Lang para hacerle algunas preguntas.


El cielo y el infierno
El cielo y el infierno
Una vez dentro le preguntaron:

-Anciano díganos: ¿Qué diferencia hay entre el cielo y el infierno?

El sabio contestó:

-Veo una montaña de arroz recién cocinado, todavía sale humo. Alrededor hay muchos hombres y mujeres con mucha hambre. Los palos que utilizan para comer son más largos que sus brazos. Por eso cuando cogen el arroz no pueden hacerlo llegar a sus bocas. La ansiedad y la frustración cada vez van a más.

Más tarde, el sabio proseguía:

-Veo también otra montaña de arroz recién cocinado, todavía sale humo. Alrededor hay muchas personas alegres que sonríen con satisfacción. Sus palos son también más largos que sus brazos. Aun así, han decidido darse de comer unos a otros.



11 de enero de 2017

El zorro y las gallinas

Había una vez un zorro que estaba obsesionado con los huevos de las gallinas, era su plato favorito. Siempre andaba rondando por los gallineros en busca de su apreciado botín, en especial en uno.

En este gallinero, las gallinas indefensas veían como cada noche el zorro se llevaba sus huevos, y si no lo dejaban hacerlo, éste las había amenazado con que se llevaría a ellas para comérselas.


En esta granja, el dueño veía que su número de gallinas crecía muy lentamente y que casi no ponían huevos. Esto no le servía y pensó en vender a todas sus gallinas. Estas al enterarse de las intenciones del granjero decidieron trazar un plan. Esa misma noche cuando el zorro vino a visitarlas, le ofrecieron todos los huevos que quisiese con tal que no se llevase a los que estaban empollando. Al zorro le pareció una buena oferta y durante esa noche se llevó todos los huevos.

El zorro y las gallinas
El zorro y las gallinas
Al día siguiente el granjero fue al gallinero en busca de huevos y se encontró con que no había ninguno, sólo los que las gallinas empollaban. Esto le sorprendió mucho y empezó a revisar todo el gallinero en busca de alguna huella de algún depredador. Las gallinas, corriendo el riesgo de que el zorro cumpliese con su amenaza, dejaron al descubierto unas huellas del zorro para que el granjero las viese. Cuando éste las vio, se detuvo unos segundos medio pensativo y se fue.

Esa noche, como de costumbre, el zorro volvió en busca de su botín. Pero al entrar en vez de encontrarse con los huevos, se encontró con el granjero que le apuntaba con una escopeta. Lo último que supieron las gallinas del zorro era que pasó a formar parte de la colección de pieles del granjero.

Moraleja: el que mal anda, mal acaba. Aparte…la astucia e inteligencia supera a la fuerza y viveza.




3 de enero de 2017

El problema de la trampa de ratones


Un ratón, observaba a un granjero y a su esposa abriendo un paquete. Sintió curiosidad por lo que podría contener. Pero… ¡Quedó aterrorizado cuando descubrió que era una trampa para cazar ratones!


Fue corriendo al patio de la granja a advertir a todos: ¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera en la casa!


La gallina, que estaba cacareando, levantó la cabeza y dijo: discúlpeme Sr. Ratón…Yo entiendo que es un gran problema para usted, pero a mí no me perjudica en nada, no me preocupa. El ratón se acercó al cordero: ¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera!

El problema de la trampa de ratones
El problema de la trampa de ratones
El cordero respondió: discúlpeme Sr. Ratón, no hay nada que yo pueda hacer, solamente pedir por usted. Quédese tranquilo, será recordado en mis oraciones.

El ratón se dirigió entonces a la vaca, pero esta le contestó: ¿Acaso estoy en peligro? Estoy segura que no.

Entonces el ratón volvió a casa, preocupado y abatido.

Aquella noche se oyó un gran escándalo, mucho movimiento y ruido.

La mujer del granjero corrió para ver qué había pasado, pero en la oscuridad, no vio que la trampa había atrapado la cola de una serpiente venenosa y al acercarse, la serpiente mordió a la mujer. El granjero la llevó inmediatamente al hospital y después de atenderla, le dieron el alta, con la recomendación de que esa misma noche bebiera una sopa caliente.

Al llegar a casa, el granjero con su cuchillo, fue a buscar el ingrediente principal: LA GALLINA

Como la enfermedad continuaba, los amigos familiares y vecinos fueron a visitarla y, para alimentarlos a todos, el granjero mató al: CORDERO

La mujer a pesar de los esfuerzos de su esposo, no mejoró y acabó muriendo. El granjero, como necesitaba dinero para el funeral, tuvo que vender: LA VACA

Cuando escuches que alguien tiene un problema y no represente una carga a tu conciencia, recuerda esta historia.


30 de diciembre de 2016

Los dos jorobados

En un pueblo vivían dos jorobados a los que todo el mundo conocía.


Uno de ellos, de temperamento animoso, gustaba mucho de salir, en las noches del verano, a tomar el fresco en las eras porque podía estar solo y a salvo de las burlas ocasionales y pensando en sus cosas.


Allí se entretenía el hombre con sus pensamientos sin que nadie le molestara.

Los dos jorobados
Los dos jorobados
Una noche de ésas se fue a las eras, como de costumbre, y allí estaba tumbado viendo pasar las horas.

Le dieron las diez de la noche, y le dieron las once... y él, nada, tan tranquilo y tan a gusto. Y de pronto se le ocurrió, viendo que se acercaban las doce, que es la hora de las brujas, que bien podía quedarse un rato más y ver si era verdad eso de que a las doce se reunían todas ellas a celebrar sus ceremonias.

Y entre que sí y que no, y entre la curiosidad y el repeluco, pasó el tiempo y dieron las doce. Y no hicieron más que dar las doce cuando empezó a ver cosas extrañas y a escuchar música aún más extraña.

Las visiones que veía eran las brujas que saltaban, cantaban, bailaban y se contorsionaban al son de la música. Y estas brujas, cuando se cansaron de tanto baile, empezaron a cantar:

-Lunes, martes y miércoles, tres;
 lunes, martes y miércoles, tres.

Así una y otra vez. Y el jorobado, viendo que no salían de ahí, pensó para sus adentros: «¡Pobrecillas!
Voy a completarles la semana». Y cantó, con el mismo son de las brujas:

-Jueves, viernes y sábado, seis;
 jueves, viernes y sábado, seis.

Y ya se disponía a continuar, cantando: «y domingo, con seis, hace siete», cuando oyó que decía una bruja:

-¡Ay, qué bien! ¡Por fin hemos concluido el cantar!, y empezó a mirar a un lado y a otro, rodeada de las otras brujas, diciendo:

-¿Quién ha sido, quién? ¿Dónde está el que el cantar acabó?

Y el jorobado dijo:

-Aquí me tenéis, sentado en esta piedra.

Todas las brujas se le acercaron y le acariciaban y por fin le dijeron:

-¡Mira qué gracioso, el pobre! ¡Si es jorobadillo!

Dinos qué quieres por habernos terminado el cantar y lo que quieras te lo concederemos.

Entonces el jorobado dijo:

-¿Qué es lo que más quiero? ¡Pues que me quitéis esta joroba que llevo!

-¡Ah, ah, sí! -dijeron las brujas-. Pobre jorobadillo, bien se lo merece.

Y la bruja que había hablado primero le pasó la mano por la joroba y el jorobado se quedó más derecho que un huso. Entonces él les dio las gracias y ellas se las dieron a él y, lleno de contento, se fue a su casa a dormir mientras las brujas se quedaban haciendo volatines y piruetas por los aires.

El jorobado estaba tan emocionado y exhausto que durmió como un lirón, pero a la mañana siguiente, cuando se levantó y vio que ya no tenía joroba, se llenó de gozo y salió corriendo a la calle para lucir su nuevo tipo. Todo el mundo se admiró enormemente de que le hubiese desaparecido la joroba y querían conocer la causa; y el otro jorobado del pueblo era el más interesado en saber cómo le había sucedido.

A todos se lo contó, aunque muchos no le creyeran. Y el segundo jorobado pensó:

-Pues esta noche voy yo a las eras, por si se les ha olvidado lo que les enseñaste. Y si no se les ha olvidado, entonces les cantaré: «Y domingo, con seis, hace siete»; a ver si a mí también me quitan la joroba.

¡Pues no me la han de quitar en cuanto me oigan!

Y se refocilaba pensando que, a la mañana siguiente, él también podría presumir de no tener joroba.
Y así se dedicó a recorrer el pueblo, contándoles a unos y a otros; y unos le animaban y otros se reían de él.

Conque el pobre infeliz se fue a las eras ya a eso de la media tarde, porque no podía resistir la espera, y allí se estuvo sin comer ni beber por si acaso las brujas se adelantaban y él perdía la oportunidad.

Total, que con tanto desasosiego, pasaron los cuartos, las medias y las horas haciéndosele una eternidad en la que ora desesperaba y ora confiaba hasta que por fin oyó dar las doce y en ese momento las brujas aparecieron. Casi no podía creer lo que estaba viendo, que eran las mismas visiones que relatara el otro jorobado; y tal como había dicho, después de los bailes y volatines, las brujas se juntaron y se pusieron a cantar:

-Lunes, martes y miércoles, tres;
 lunes, martes y miércoles, tres;
 jueves, viernes y sábado, seis;
 jueves, viernes y sábado, seis.

El jorobado vio que habían aprendido bien lo que el otro les había enseñado y que no lo olvidaban, así que decidió terminar la semana y cantó, con el mismo son que las brujas:

-Y domingo, con seis, hace siete.

Las brujas, que oyeron este canto, se enfurecieron terriblemente y empezaron a buscar por todas partes, diciendo:

-¿Quién nos hace burla, quién? ¿Dónde está el que nos hace la burla?

Y el pobre jorobado entendió que preguntaban:

«¿Quién nos dice la última, quién? ¿Dónde está el que nos dice la última?» y las llamó diciendo:

-Aquí estoy sentado en esta piedra. Quítenme ustedes la joroba.

Todas las brujas le rodearon, aún más furiosas que antes, y empezaron a darle empellones y pellizcos, mientras decían unas a otras:

-¡Mira! ¡Si es un jorobado!

-¡Un jorobado! ¡Que ha venido a reírse de nosotras!

-¡Vaya con el jorobado! ¡A ver qué hacemos con él!

Y dijeron todas a coro:

-¡Pues le ponemos otra joroba!

Y nada, que le pusieron otra joroba en mitad de la espalda, con lo cual ya tenía dos.

El pobre jorobado se fue a su casa cabizbajo y pensando en lo que le había sucedido; y estaba tan pensativo y ensimismado que no pudo pegar ojo en toda la noche y a la mañana siguiente no se atrevió a salir a la calle para que no le vieran las dos jorobas.

Y tanto y tanto aumentó su tristeza que dejó de comer y de dormir. Hasta que un buen día lo encontraron muerto de pena en su cuarto.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.


26 de diciembre de 2016

Las dos pesadillas

Las dos pesadillas que un hijo le cuenta a su padre y las moralejas que de ellas se desprende.


—Buenos días, papá.

—¿Has dormido bien, hijo mío?

—Sí, pero tuve dos sueños extraordinarios.

He aquí el primero: un perrillo hacía dar vueltas a una rueda en la herrería. La rueda, al voltear, movía un fuelle que servía para avivar el fuego de la fragua. El herrero ponía sobre el hogar largas tiras de hierro que retiraba cuando ya estaban enrojecidas, machacando sobre ellas con el martillo para hacer los clavos. De tiempo en tiempo, cuando el perro se fatigaba y la rueda comenzaba a voltear más lentamente, el herrero, enojado, hería al perro con alguno de aquellos fierros candentes. Entonces la pobre bestia se lanzaba sobre la rueda y la hacía girar con precipitación. Pero después de mucho trabajar con la rueda, el perro, debilitado ya, se detuvo de pronto y no quiso moverla más. Entonces el herrero, sin compasión alguna, descuelga un látigo que hay sobre la pared, y se pone a fustigar al perro. El animal resiste sin quejarse; pero, a cada golpe, la bestia va agrandándose: primero es como un lobo, después como un tigre, luego como un león. Por último, es ya como un monstruo gigante que vomita llamas por ojos y boca. Aquellas horribles lenguas de fuego crecen y crecen, y acaban por abrasar y matar al herrero y por incendiar la fragua.... Me preparo a dar grandes voces para pedir auxilio, cuando despierto... ¡Qué sensación tan horrible!.... Esto es lo que se llama una pesadilla, ¿no es así?

Las dos pesadillas
Las dos pesadillas
 —Sí, hijo mío, eso es una pesadilla; pero veo que tu sueño tiene un gran sentido. Significa que no hay que maltratar ni oprimir jamás a nadie, porque la injusticia puede transformar a los hombres, como sucedió con el perro, en bestias feroces que crecen y crecen y acaban por destruirlo todo. Este es el sentido de tu primer sueño; veamos el segundo.

—En el segundo sueño sentía yo un gran terror de algo que corría tras de mí. Sin saber qué era lo que me perseguía, huía yo a toda prisa; pero aquello que iba tras de mí, se acercaba más y más, a medida que yo más corría. Y a medida que se me acercaba, yo me lo figuraba más grande, más terrible, más espantoso. Ya me sentía perdido, en las garras de aquello, cuando se alzó de pronto frente a mí una figura graciosa, llena de calma y sonriente, que me dijo: «Nada temas, pequeño; detente, vuelve tus pasos hacia atrás, ármate de valor y lánzate sobre lo que tanto estás temiendo; es preciso que lo veas frente a frente». Esa bella figura y esas alentadoras palabras me dieron valor. Me volví hacia la gran forma negra que me perseguía, la vi frente a frente, y me puse a correr tras ella. Entonces, a medida que yo corría en su seguimiento, la forma negra se alejaba más y más, disminuyendo, esfumándose, hasta que de pronto se desvaneció por completo convertida en humo. Y entonces desperté contento y tranquilo, como quien se ve libre de un pesado fardo.

—Es una verdad exacta lo que has soñado, hijo mío. Si el miedo y la cobardía te obligan a huir, siempre te parecerá que los monstruos más terribles y los peligros más fieros corren tras de ti. Pero si te detienes, si les ves frente a frente, si les resistes, si les acometes, entonces todo eso que te hacía temblar huirá deprisa, desvaneciéndose como el humo Vence el miedo, hijo mío, y estarás tranquilo y sereno.


21 de diciembre de 2016

El sembrador de dátiles

En un oasis escondido entre los más lejanos paisajes del desierto, se encontraba el viejo Eliahu de rodillas, a un costado de algunas palmeras datileras.


Su vecino Hakim, el acaudalado mercader, se detuvo en el oasis a abrevar sus camellos y vio a Eliahu transpirando, mientras parecía cavar en la arena.


- ¿Qué tal anciano? La paz sea contigo.

- Contigo -contestó Eliahu sin dejar su tarea.

-¿Qué haces aquí, con esta temperatura, y esa pala en las manos?

-Siembro -contestó el viejo.

-¿Qué siembras aquí, Eliahu?

-Dátiles -respondió Eliahu mientras señalaba a su alrededor el palmar.

-¡Dátiles!! -repitió el recién llegado, y cerró los ojos como quien escucha la mayor estupidez.

El sembrador de dátiles
El sembrador de dátiles
-El calor te ha dañado el cerebro, querido amigo. Ven, deja esa tarea y vamos a la tienda a beber una copa de licor.

- No, debo terminar la siembra. Luego si quieres, beberemos…

- Dime, amigo: ¿cuántos años tienes?

- No sé… sesenta, setenta, ochenta, no sé... lo he olvidado… pero eso, ¿qué importa?

- Mira, amigo, los datileros tardan más de cincuenta años en crecer y recién después de ser palmeras adultas están en condiciones de dar frutos. Yo no estoy deseándote el mal y lo sabes, ojalá vivas hasta los ciento un años, pero tú sabes que difícilmente puedas llegar a cosechar algo de lo que hoy siembras. Deja eso y ven conmigo.

- Mira, Hakim, yo comí los dátiles que otro sembró, otro que tampoco soñó con probar esos dátiles. Yo siembro hoy, para que otros puedan comer mañana los dátiles que hoy planto… y aunque solo fuera en honor de aquel desconocido, vale la pena terminar mi tarea.

- Me has dado una gran lección, Eliahu, déjame que te pague con una bolsa de monedas esta enseñanza que hoy me diste – y diciendo esto, Hakim le puso en la mano al viejo una bolsa de cuero.

- Te agradezco tus monedas, amigo. Ya ves, a veces pasa esto: tú me pronosticabas que no llegaría a cosechar lo que sembrara. Parecía cierto y sin embargo, mira, todavía no termino de sembrar y ya coseché una bolsa de monedas y la gratitud de un amigo.



20 de diciembre de 2016

Come la fruta

El maestro sufí contaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero los alumnos no siempre entendían el sentido de la misma.


- Maestro – lo encaró uno de ellos una tarde. Tú nos cuentas los cuentos pero no nos explicas su significado.


– Pido perdón por eso. – se disculpó el maestro – Permíteme que en señal de reparación te convide con un rico durazno.

– Gracias maestro. – respondió halagado el discípulo.

– Quisiera, para agasajarte, pelarte tu durazno yo mismo. ¿Me permites?

Come la fruta
Come la fruta
– Si. Muchas gracias – dijo el alumno.

– ¿Te gustaría que, ya que tengo en mi mano el cuchillo, te lo corte en trozos para que te sea más cómodo?…

– Me encantaría… Pero no quisiera abusar de tu hospitalidad, maestro…

– No es un abuso si yo te lo ofrezco. Solo deseo complacerte… Permíteme también que te lo mastique antes de dártelo…

– No maestro. ¡No me gustaría que hicieras eso! – se quejó sorprendido el discípulo.

El maestro hizo una pausa y dijo:

– Si yo les explicara el sentido de cada cuento… sería como darles a comer una fruta masticada.


19 de diciembre de 2016

El oro y las ratas

Había una vez un rico mercader que, a punto de hacer un largo viaje, tomó sus precauciones.


Antes de partir quiso asegurarse de que su fortuna en lingotes de oro estaría a buen recaudo y se la confió a quien creía un buen amigo.


Pasó el tiempo, el viajero volvió y lo primero que hizo fue ir a recuperar su fortuna. Pero le esperaba una gran sorpresa.

-¡Malas noticias! -anunció el amigo-. Guardé tus lingotes en un cofre bajo siete llaves sin saber que en mi casa había ratas. ¿Te imaginas lo que pasó?

El oro y las ratas
El oro y las ratas


-No lo imagino -repuso el mercader. -Las ratas agujerearon el cofre y se comieron el oro. ¡Esos animales son capaces de devorarlo todo!

-¡Qué desgracia! -se lamentó el mercader-. Estoy completamente arruinado, pero no te sientas culpable, ¡todo ha sido por causa de esa plaga! Sin demostrar sospecha alguna, antes de marcharse invitó al amigo a comer en su casa al día siguiente.

Pero, después de despedirse, visitó el establo y, sin que lo vieran, se llevó el mejor caballo que encontró. Cuando llegó a su casa ocultó al animal en los fondos. Al día siguiente, el convidado llegó con cara de disgusto.

-Perdona mi mal humor -dijo-, pero acabo de sufrir una gran pérdida: desapareció el mejor de mis caballos. -Lo busqué por el campo y el bosque pero se lo ha tragado la tierra.

-¿Es posible? -dijo el mercader simulando inocencia-. ¿No se lo habrá llevado la lechuza?

-¿Qué dices? -Casualmente anoche, a la luz de la luna, vi volar una lechuza llevando entre sus patas un hermoso caballo.

-¡Qué tontería! -se enojó el otro. ¡Dónde se ha visto, un ave que no pesa nada, alzarse con una bestia de cientos de kilos!

-Todo es posible -señaló el mercader-. En un pueblo donde las ratas comen oro, ¿por qué te asombra que las lechuzas roben caballos? El mal amigo, rojo de vergüenza, confesó que había mentido.

El oro volvió a su dueño y el caballo a su establo. Hubo disculpas y perdón.

Y hubo un tramposo que supo lo que es caer en su propia trampa.


15 de diciembre de 2016

Hay regalos que no te convienen recibir

Era un profesor comprometido y estricto, conocido también por sus alumnos como un hombre justo y comprensivo.


Al terminar la clase, ese día de verano, mientras el maestro organizaba unos documentos encima de su escritorio, se le acercó uno de sus alumnos y en forma desafiante le dijo:


-Profesor, lo que me alegra de haber terminado la clase es que no tendré que escuchar más sus tonterías y podré descansar de verle esa cara aburridora.

El alumno estaba erguido, con semblante arrogante, en espera de que el maestro reaccionara ofendido y descontrolado. El profesor miró al alumno por un instante y en forma muy tranquila le preguntó:

-¿Cuándo alguien te ofrece algo que no quieres, lo recibes?

Hay regalos que no te convienen recibir
Hay regalos que no te convienen recibir
El alumno quedó desconcertado por la calidez de la sorpresiva pregunta.

-Por supuesto que no. Contestó de nuevo en tono despectivo el muchacho.

-Bueno, prosiguió el profesor, cuando alguien intenta ofenderme o me dice algo desagradable, me está ofreciendo algo, en este caso una emoción de rabia y rencor, que puedo decidir no aceptar.

-No entiendo a qué se refiere. Dijo el alumno confundido.

-Muy sencillo, replicó el profesor, tú me estás ofreciendo rabia y desprecio y si yo me siento ofendido o me pongo furioso, estaré aceptando tu regalo, y yo, mi amigo, en verdad, prefiero obsequiarme mi propia serenidad muchacho, concluyó el profesor en tono gentil, -tu rabia pasará, pero no trates de dejarla conmigo, porque no me interesa, yo no puedo controlar lo que tu llevas en tu corazón pero de mí depende lo que yo cargo en el mío.

Cada día en todo momento, tu puedes escoger qué emociones o sentimientos quieres poner en tu corazón y lo que elijas lo tendrás hasta que tu decidas cambiarlo. Es tan grande la libertad que nos da la vida que hasta tenemos la opción de amargarnos o ser felices.

6 de diciembre de 2016

El puente

Había una vez dos hermanos, Tomás y Javier. Vivían uno al frente del otro en dos casas de una hermosa campiña.


Por problemas pequeños, que al acumularse sin resolverse se fueron haciendo grandes con el tiempo, los hermanos dejaron de hablarse. Incluso evitaban cruzarse en el camino.

El puente
El puente
Cierto día llegó a la casa de Tomás un carpintero y le preguntó si tendría trabajo para él. Tomás le contestó:

-¿Ve usted esa madera que está cerca de aquel riachuelo? Pues la he cortado ayer. Mi hermano Javier vive en frente y, a causa de nuestra enemistad, desvió ese arroyo para separarnos definitivamente. Así que yo no quiero ver más su casa. Le dejo el encargo de hacerme una cerca muy alta que me evite la vista de la casa de mi hermano.

Tomás se fue al pueblo y no regresó sino hasta bien entrada la noche.

Cuál no sería su sorpresa al llegar a su casa, cuando, en vez de una cerca, encontró que el carpintero había construído un hermoso puente que unía las dos partes de la campiña.

Sin poder hablar, de pronto vio en frente suyo a su hermano, que en ese momento estaba atravesando el puente con una sonrisa:

- Tomás, hermano mío, no puedo creer que hayas construído este puente, habiendo sido yo el que te ofendió. Vengo a pedirte perdón. Los dos hermanos se abrazaron.

Cuando Tomás se dio cuenta de que el carpintero se alejaba, le dijo:

- Buen hombre, ¿cuánto te debo? ¿Por qué no te quedas?

- No, gracias —contestó el carpintero—. ¡Tengo muchos puentes que construir!